¿Qué son las máscaras tibetanas?
Las máscaras tibetanas son piezas rituales del budismo vajrayana utilizadas en las danzas Cham, ceremonias monásticas donde monjes enmascarados representan deidades protectoras, esqueletos danzantes y señores de la muerte. Fabricadas tradicionalmente con papel maché, arcilla o madera y adornadas con crin de yak, estas máscaras no son decoración ni disfraz: son una tecnología espiritual diseñada para enseñar a mirar al terror de frente y preparar al practicante para las visiones que, según el Bardo Thodol, encontrará tras la muerte.
Hay un momento en las danzas Cham que deja helado a quien lo ve por primera vez. Los monjes salen del monasterio con máscaras enormes, pesadas, grotescas, y empiezan a girar lentamente al ritmo de trompetas de hueso y tambores. No es un espectáculo para turistas. Es un ritual en el que los demonios son destruidos, los muertos encuentran su camino y el budismo revela su cara menos amable: la que te dice que para alcanzar la liberación, primero tienes que mirar al terror de frente.
Las máscaras tibetanas son eso: espejos del miedo. Pero de un miedo que, al ser enfrentado, pierde su poder.
Tipos de máscaras tibetanas y budistas
- Máscaras protectoras (dharmapalas) — Representan deidades iracundas como Mahakala o Vajrapani. Rostros terroríficos con colmillos, ojos llameantes y coronas de calaveras que encarnan la compasión budista en forma feroz para someter los obstáculos a la iluminación.
- Máscaras de animales (sha-na) — Ciervos, yaks y otros animales que actúan como precursores y mensajeros en las danzas Cham. Son los únicos personajes cuyas máscaras no pretenden asustar; representan la mansedumbre de los seres que siguen el dharma.
- Máscaras de esqueletos (Citipati) — Dos esqueletos danzantes que representan a monjes que alcanzaron la iluminación al morir. Sus movimientos rápidos y alegres enseñan que la muerte no es un final sombrío sino una transición llena de energía.
- Máscaras del Señor de la Muerte (Yama Dharmaraja) — Con cabeza de búfalo y corona de calaveras, Yama juzga las acciones de los seres y determina su destino en el próximo renacimiento. Conecta directamente con las visiones del Bardo Thodol.
- Máscaras de deidades destructoras (Yamantaka) — Con cabeza de búfalo y cuernos enormes, representan la sabiduría que conquista incluso a la muerte. Son las más pesadas del repertorio Cham y requieren meses de entrenamiento.
Tabla comparativa de máscaras tibetanas
| Personaje | Tipo | Significado | Festival | Región |
|---|---|---|---|---|
| Mahakala | Deidad protectora iracunda | Protector supremo del dharma; compasión en forma terrorífica | Cham, Losar, Tsechu | Tíbet, Bután, Ladakh, Mongolia |
| Yamantaka | Destructor de la muerte | La sabiduría vence a la muerte; forma iracunda de Manjushri | Cham, Losar | Tíbet, Ladakh, Nepal |
| Citipati (esqueletos) | Guardianes del tránsito | La muerte como transición gozosa, no como final | Hemis, Tsechu de Paro | Ladakh, Bután, Tíbet en el exilio |
| Yama Dharmaraja | Señor de la Muerte | Juez de los muertos; determina el renacimiento | Cham (cierre del ciclo) | Tíbet, Bután, Mongolia |
| Ciervos (sha-na) | Animales del dharma | Mansedumbre y obediencia al camino espiritual | Hemis, Tsechu | Ladakh, Bután |
| Padmasambhava | Maestro fundador | Introductor del budismo en el Tíbet; sometió a los demonios | Hemis (thangka gigante cada 12 años) | Ladakh, Tíbet, Bután, Nepal |
| Heruka | Deidad iracunda tántrica | Deidades pacíficas transformadas; visiones del Bardo | Cham, Losar | Tíbet, Nepal, India (exilio) |
| Tsam mongol | Variante chamánica | Fusión de budismo tibetano con chamanismo nómada | Tsam (revivido desde los 90) | Mongolia (Gandantegchinlen) |
Orígenes: Padmasambhava y la conquista del Tíbet
El siglo VIII y el nacimiento de las danzas Cham
La tradición atribuye el origen de las danzas Cham a Padmasambhava, el maestro indio que llevó el budismo tántrico al Tíbet en el siglo VIII. La historia cuenta que cuando el rey Trisong Detsen quiso construir el monasterio de Samye (el primero del Tíbet), los demonios locales destruían por la noche todo lo que se construía durante el día.
Padmasambhava fue invitado a someter a estos demonios. Según la leyenda, no los destruyó: los convirtió. Danzó con máscaras y rituales tántricos, y transformó a los espíritus hostiles en protectores del dharma. Los demonios pasaron de ser enemigos del budismo a ser sus guardianes más feroces.
Esta idea es la clave de todo: en el budismo tibetano, las deidades iracundas no son malignas. Son la misma compasión budista expresada en forma terrorífica para asustar y someter a las fuerzas que impiden la iluminación. Mahakala, con su collar de calaveras, es tan compasivo como Avalokiteshvara con su sonrisa serena. Solo cambia el método.
Las danzas Cham recrean cada año esta conquista. Los monjes enmascarados representan a los protectores del dharma sometiendo a las fuerzas del mal, destruyendo simbólicamente los obstáculos para la práctica espiritual, y preparando el terreno para un nuevo ciclo.

Dónde ver las danzas Cham
Los grandes festivales monásticos
Las danzas Cham no ocurren en cualquier momento. Están vinculadas a festivales específicos del calendario budista tibetano, y los más importantes se celebran en monasterios concretos que llevan siglos practicando estas danzas.
Festival de Hemis (Ladakh, India). Probablemente el más accesible para visitantes occidentales. Se celebra en junio o julio en el monasterio de Hemis, a unos 40 kilómetros de Leh. Conmemora el nacimiento de Padmasambhava y dura dos días. Miles de personas se congregan en el patio del monasterio para ver a los monjes danzar con máscaras de deidades protectoras, ciervos, esqueletos y el Señor de la Muerte. Cada doce años se despliega un thangka gigante de Padmasambhava que cubre toda la fachada del edificio.
Tsechu en Bután. Bután ha preservado las danzas Cham con una intensidad que ya no existe en el Tíbet ocupado. Los Tsechu (festivales religiosos) se celebran en todos los dzong (fortalezas-monasterio) del país a lo largo del año. El más famoso es el de Paro, en marzo o abril. Los danzantes son monjes profesionales que ensayan durante meses. Los trajes son extraordinarios: seda bordada, botas de cuero, máscaras que pueden pesar más de cinco kilos.
Monasterios tibetanos en el exilio (India, Nepal). Los monasterios reconstruidos en Dharamsala, Bylakuppe y Katmandú mantienen las tradiciones Cham, aunque a menudo con menos recursos que los festivales butaneses.
En el propio Tíbet, bajo control chino, las danzas Cham se siguen practicando en monasterios como Tashilhunpo (Shigatse) y algunos de Lhasa, pero con restricciones que varían según el momento político. La Revolución Cultural (1966-76) destruyó la mayor parte de las máscaras antiguas y prohibió las representaciones. Lo que se ve hoy es, en muchos casos, una reconstrucción posterior a 1980.
Los personajes y sus máscaras
Mahakala: el gran negro
Mahakala es el protector supremo del dharma en muchas tradiciones del budismo tibetano. Su nombre significa «Gran Negro» o «Gran Tiempo» (kala es tiempo y muerte en sánscrito). La máscara de Mahakala es una de las más impactantes: rostro azul oscuro o negro, tres ojos (el tercero representa la sabiduría que ve más allá de las apariencias), boca abierta mostrando colmillos, corona de cinco calaveras que simbolizan la transformación de los cinco venenos mentales en cinco sabidurías.
Existen múltiples formas de Mahakala: de dos brazos, de cuatro, de seis. La más común en las danzas Cham es la de dos brazos, con un cuchillo curvado (kartika) y un cráneo lleno de sangre (kapala). La máscara suele estar rodeada de pelo de yak que simula una melena de fuego.
Cuando Mahakala danza en el Cham, sus movimientos son pesados y deliberados. Cada paso sacude el suelo. La gravedad es parte del mensaje: esta es una fuerza que no se puede ignorar.
Yamantaka: el destructor de la muerte
Yamantaka tiene la cabeza de un búfalo. Su máscara es negra o azul oscuro con cuernos enormes, ojos inyectados en rojo, y una expresión que combina furia y concentración absoluta. Según la leyenda, el bodhisattva Manjushri adoptó esta forma para vencer a Yama (el dios de la muerte), demostrando que la sabiduría puede conquistar incluso a la muerte misma.
La máscara de Yamantaka en las danzas Cham es de las más pesadas. Los cuernos pueden estar hechos de madera real, añadiendo peso y dificultando el movimiento. El monje que la lleva debe tener experiencia y fuerza: una máscara de Yamantaka mal equilibrada puede causar lesiones cervicales.
Ciervos: sha-na
Los ciervos (sha-na) aparecen frecuentemente en las danzas Cham como precursores y acompañantes de las deidades principales. Sus máscaras son relativamente realistas: cabezas de ciervo con astas naturales o talladas, ojos amables, expresión serena. Representan la mansedumbre de los seres que siguen el dharma sin resistencia.
Su papel en la danza suele ser introductorio: abren la procesión, preparan el espacio ritual, y a veces actúan como mensajeros entre el mundo humano y el divino. Son los únicos personajes del Cham cuyas máscaras no pretenden asustar.

Citipati: los esqueletos que danzan
De todos los personajes del Cham, los Citipati son los que más impresionan a los visitantes. Dos esqueletos. Danzando. Con una energía y una alegría que desarma, porque ¿cómo puede un esqueleto bailar con gozo?
La historia detrás de los Citipati es una de las más hermosas del budismo tibetano. Cuenta la leyenda que eran dos monjes que meditaban en un cementerio, buscando la iluminación. Estaban tan absortos en su meditación que no se dieron cuenta de que un ladrón se acercaba. El ladrón los decapitó y siguió su camino. Los monjes, al morir, alcanzaron la iluminación instantánea y se convirtieron en los protectores de los cementerios y los guardianes del tránsito entre la vida y la muerte.
Sus máscaras son cráneos humanos estilizados. Blancos, con cuencas oculares enormes, mandíbulas articuladas que se abren en una sonrisa perpetua, y a veces con una corona o adornos que indican su estatus sobrenatural. El cuerpo del danzante va cubierto con un traje ajustado que imita la anatomía esquelética: costillas pintadas, pelvis marcada, articulaciones visibles.
La danza de los Citipati es rápida, saltarina, casi cómica. Giran, saltan, se persiguen, agitan bastones. El contraste entre la imagen de la muerte y la vitalidad del movimiento es deliberado: los Citipati enseñan que la muerte no es un final sombrío, sino una transición llena de energía. Para el budismo, temer a la muerte es temer a una ilusión.
En Bután, los Citipati aparecen frecuentemente en los Tsechu de Paro y Thimphu. En Ladakh, son parte central del festival de Hemis. Y en la tradición tibetana en el exilio, se han convertido en uno de los iconos más reconocibles del Cham.
El Señor de la Muerte: Yama Dharmaraja
Yama es el juez de los muertos. Su máscara es una cabeza de búfalo, roja o azul, con ojos enormes, cuernos anchos y una corona de calaveras. En la danza Cham, Yama aparece al final del ciclo, juzgando las acciones de los seres y determinando su destino en el próximo renacimiento.
La aparición de Yama en el Cham conecta directamente con el Bardo Thodol, el Libro Tibetano de los Muertos. Este texto, que se lee al oído de los moribundos, describe las visiones que el alma experimenta entre la muerte y el próximo renacimiento. Entre esas visiones están las deidades iracundas —exactamente las mismas que aparecen en las danzas Cham— que se presentan para asustar al alma pero que, si se las reconoce como proyecciones de la propia mente, se disuelven y abren el camino a la liberación.
Las danzas Cham son, en cierto sentido, un ensayo para la muerte. El público ve las mismas figuras que, según la tradición, verá cuando muera. Si aprende a no temerlas ahora, no las temerá entonces. El Cham es pedagogía del más allá.
El Bardo Thodol y las máscaras: prepararse para morir
Las visiones que verás
El vínculo entre las danzas Cham y el Bardo Thodol no es una interpretación académica: es explícito. Los textos rituales que acompañan las danzas citan los mismos pasajes del Bardo que describen las apariciones de las deidades iracundas.
El Bardo Thodol describe un proceso de 49 días entre la muerte y el renacimiento. Durante la primera semana, el difunto ve deidades pacíficas: budas serenos, luces suaves. Si no las reconoce como proyecciones de su mente y se asusta, pasa a la segunda semana, donde aparecen las deidades iracundas: Mahakala, Yamantaka, los heruka con sus consortes, bebiendo sangre de cráneos, rodeados de llamas.
El texto insiste: estas figuras aterradoras son las mismas deidades pacíficas en otra forma. El mismo buda compasivo que se presentó con sonrisa ahora se presenta con colmillos. No ha cambiado él: ha cambiado la percepción del muerto. Y el mensaje de las danzas Cham es exactamente ese: lo que te asusta no es real. Es tu propia mente proyectando miedos.
Por eso las máscaras del Cham son tan grotescas. No pretenden ser bonitas. Pretenden ser tan terroríficas como sea posible, para que el público practique el acto de mirar al terror sin huir.

Fabricación: papel maché, arcilla y crin de yak
Un proceso entre lo artesanal y lo ritual
Las máscaras del Cham se fabrican tradicionalmente con papel maché, aunque las piezas más antiguas que se conservan (pocas, dado que la Revolución Cultural destruyó casi todo) eran de arcilla pintada o madera tallada.
El proceso comienza con un molde de arcilla que reproduce los rasgos del personaje. Sobre él se aplican capas de papel (a menudo páginas de textos religiosos descartados, lo que añade un componente simbólico), tela y cola de harina. Se dejan secar al sol durante varios días, se retira el molde, y se empieza a pintar.
Los colores siguen un código estricto. El azul oscuro o negro corresponde a las deidades más iracundas (Mahakala, Vajrapani). El rojo marca a los protectores marciales. El blanco aparece en los esqueletos y las deidades pacíficas transformadas. El dorado se reserva para los elementos de corona y adorno.
La crin de yak se usa extensivamente para pelo, barbas y cejas. Es un material perfecto: resistente, ondulado de forma natural, y con un peso que aporta movimiento propio cuando el danzante gira. Algunas máscaras llevan kilos de crin que se despliega en abanico durante la danza, creando un efecto visual hipnótico.
Las dimensiones varían, pero las máscaras de Cham tienden a ser grandes. Una máscara de Mahakala puede medir entre 40 y 60 centímetros de alto, más los adornos y la crin. Esto significa que el monje que la lleva está esencialmente ciego: ve a través de un pequeño orificio en la boca o bajo la barbilla, y depende de los ensayos previos (meses de práctica con la máscara puesta) para moverse con seguridad.
Los monasterios suelen tener artesanos residentes o acudir a familias de artesanos locales que llevan generaciones fabricando estas piezas. En Bután, la Escuela Nacional de Artes y Oficios (Zorig Chusum) de Thimphu enseña formalmente la fabricación de máscaras como una de las trece artes tradicionales del país.
Tres tradiciones, tres caminos
Tíbet: la herida abierta
La tradición tibetana de las danzas Cham sufrió un golpe devastador durante la Revolución Cultural china (1966-1976). Los Guardias Rojos destruyeron monasterios, quemaron máscaras centenarias, prohibieron cualquier práctica religiosa. Los monjes que sabían las danzas fueron enviados a campos de trabajo o ejecutados.
Desde los años 80, el gobierno chino ha permitido una recuperación parcial. Algunos monasterios han reconstruido sus colecciones de máscaras y retomado las danzas, pero bajo vigilancia. El número de monjes está limitado por cuotas gubernamentales, y las representaciones grandes requieren permisos que no siempre se conceden.
La consecuencia es que la tradición Cham más viva y auténtica ya no está en el Tíbet. Está en el exilio y en los países vecinos.
Bután: el tesoro preservado
Bután nunca fue invadido ni colonizado. Su aislamiento geográfico (valles a 2.000-4.000 metros de altitud, sin carreteras asfaltadas hasta los años 60) y su política deliberada de limitación del turismo han permitido que las danzas Cham se conserven con una integridad que ya no existe en ningún otro lugar.
Los Tsechu butaneses son eventos nacionales. Las escuelas cierran. Las familias viajan desde aldeas remotas. Los dzong se llenan de miles de espectadores que siguen las danzas con atención devota. Los trajes y máscaras son mantenidos por los propios monasterios, con presupuestos dedicados y artesanos especializados.
Una diferencia notable del Cham butanés: la calidad de los textiles. Los trajes de los danzantes son de seda bordada con hilos de oro, creados por tejedoras que tardan meses en completar una sola pieza. El conjunto visual —máscara, traje, paisaje de montaña— tiene una potencia estética difícil de igualar.
Mongolia: la conexión de la estepa
El budismo tibetano llegó a Mongolia en el siglo XVI y trajo consigo las danzas Cham. El Tsam mongol (la versión local) incorporó elementos chamánicos propios de la cultura nómada: ciertos personajes y máscaras que no existen en el repertorio tibetano o butanés.
La Revolución soviética de los años 30 fue tan destructiva para el Tsam mongol como la Revolución Cultural china para el tibetano. El gobierno comunista demolió monasterios, confiscó máscaras (algunas acabaron en museos de Moscú y San Petersburgo, donde siguen hoy), y prohibió las danzas.
Desde los años 90, Mongolia ha experimentado un renacimiento religioso. El monasterio de Gandantegchinlen en Ulán Bator ha revivido algunas danzas Tsam, y hay un interés creciente en recuperar las tradiciones perdidas. Sin embargo, la cadena de transmisión se rompió: los monjes viejos que conocían las danzas murieron, y los jóvenes están reaprendiendo a partir de fotografías, filmaciones antiguas y la ayuda de maestros tibetanos en el exilio.
Festival de Losar y las máscaras
El Losar (Año Nuevo tibetano, que suele caer en febrero o marzo) es el momento en que muchos monasterios celebran las danzas Cham más importantes del año. La idea es que las fuerzas negativas del año que termina deben ser ritualmente destruidas antes de que empiece el nuevo ciclo.
En las celebraciones del Losar, los monjes fabrican una figura de masa de harina llamada torma que representa todos los males acumulados. Durante las danzas, los personajes enmascarados rodean la torma, la «atacan» simbólicamente, y al final se la lleva al exterior del monasterio y se la quema o despedaza. Con ella se van los obstáculos del año viejo.
Es un ritual de purificación colectiva que funciona a múltiples niveles: psicológico (la comunidad expresa y libera sus miedos), social (toda la aldea participa) y espiritual (se renueva la protección del dharma).
Situación actual: entre el exilio y la preservación
La historia reciente de las máscaras tibetanas es una historia de pérdida y recuperación obstinada.
En Dharamsala, la residencia del Dalái Lama en el norte de India, el monasterio de Namgyal mantiene una tradición de Cham que se esfuerza por ser fiel al repertorio original. Los monjes que huyeron del Tíbet en 1959 trajeron consigo el conocimiento de las danzas, y sus discípulos lo mantienen vivo dos generaciones después.
En Nepal, el monasterio de Boudhanath en Katmandú celebra danzas Cham regulares. En el sur de India, los monasterios tibetanos de Bylakuppe y Mundgod hacen lo propio.
El reto más grande no es la preservación técnica (las danzas se siguen practicando) sino la transmisión del significado. Un monje joven que aprende los pasos del Cham en un monasterio del sur de India, lejos del paisaje tibetano, sin haber pisado Lhasa, ¿comprende las danzas igual que su maestro que creció en el Tíbet? Los maestros mayores dicen que la esencia se transmite, que el dharma no depende de la geografía. Pero también dicen, en privado, que algo se ha perdido.
Lo que no se ha perdido, en ningún caso, es la capacidad de las máscaras para sacudir al público. Ver a un Mahakala de dos metros girando lentamente en un patio de monasterio, con trompetas dungchen resonando contra las montañas, sigue siendo una de esas experiencias que te cambia la percepción de lo que una máscara puede hacer. No es decoración. No es disfraz. Es una tecnología espiritual perfeccionada durante doce siglos para enseñarte a mirar a la muerte y no apartar la vista.
Significado de las máscaras tibetanas
Las máscaras tibetanas trascienden lo artístico y lo decorativo. Su razón de ser se articula en torno a funciones espirituales y culturales concretas:
- Pedagogía de la muerte — Familiarizan al practicante con las visiones que, según el Bardo Thodol, encontrará tras morir. Las danzas Cham son un ensayo para el tránsito entre vidas.
- Transformación del miedo — Las formas terroríficas no son malignas: representan la compasión budista expresada como furia para someter los obstáculos a la iluminación.
- Protección del dharma — Las deidades iracundas (dharmapalas) actúan como guardianes de la enseñanza budista, sometiendo a las fuerzas que la amenazan.
- Purificación colectiva — En festivales como el Losar, las danzas enmascaradas destruyen simbólicamente los males acumulados y renuevan el ciclo espiritual de la comunidad.
- Preservación de la tradición — En el exilio tibetano, las máscaras y las danzas Cham mantienen viva una herencia cultural amenazada por la destrucción política.
- Conexión con lo invisible — La máscara permite al monje encarnar temporalmente a la deidad, funcionando como canal entre el mundo visible y el plano espiritual.
Preguntas frecuentes sobre las máscaras tibetanas
¿Las danzas Cham las realizan monjes o actores profesionales?
En la tradición tibetana y butanesa, los danzantes son monjes del propio monasterio que dedican meses a ensayar las coreografías. No son actores profesionales. En algunas zonas de Mongolia y Ladakh, laicos entrenados pueden participar en ciertas danzas secundarias, pero los personajes principales están reservados a monjes ordenados.
¿Se pueden fotografiar las danzas Cham?
Generalmente sí, en los festivales públicos como Hemis (Ladakh) o los Tsechu de Bután. Es habitual ver a cientos de personas fotografiando y filmando. Sin embargo, los rituales cerrados dentro de los templos están vedados a cámaras, y siempre conviene preguntar antes de fotografiar de cerca a los monjes.
¿Qué relación tienen los Citipati con el Día de los Muertos mexicano?
Ninguna histórica directa. Son dos tradiciones independientes que usan la imagen del esqueleto danzante con significados distintos. Sin embargo, comparten una idea profunda: que la muerte puede representarse con humor y vitalidad en lugar de con solemnidad y terror.
¿Dónde se pueden comprar máscaras tibetanas auténticas?
En Katmandú (Nepal), Dharamsala (India) y Thimphu (Bután) hay talleres que producen máscaras para uso decorativo siguiendo técnicas tradicionales. Las máscaras rituales de los monasterios no están a la venta. Al comprar, conviene distinguir entre piezas hechas a mano por artesanos locales y las producciones industriales de origen chino que inundan los mercados turísticos.
¿Qué es el Bardo Thodol y qué tiene que ver con las máscaras?
El Bardo Thodol (Libro Tibetano de los Muertos) es un texto que describe las experiencias del alma entre la muerte y el renacimiento. Las deidades iracundas que aparecen en él —Mahakala, Yamantaka, los heruka— son las mismas que se representan en las danzas Cham con máscara. Las danzas funcionan como una preparación visual para esas visiones: si aprendes a no temerlas en vida, no te asustarán tras la muerte.
¿Cuánto pesan las máscaras de las danzas Cham?
El peso varía según el personaje. Las máscaras de ciervos (sha-na) son relativamente ligeras. Las de deidades protectoras como Mahakala pueden pesar entre 3 y 5 kilos, y las de Yamantaka, con cuernos de madera real y abundante crin de yak, pueden superar los 5 kilos. Los monjes que las portan necesitan meses de entrenamiento para moverse con seguridad, ya que la visibilidad se reduce a un pequeño orificio en la boca o bajo la barbilla.
¿En qué se diferencia el Tsam mongol del Cham tibetano?
El Tsam mongol incorporó elementos chamánicos propios de la cultura nómada de la estepa, incluyendo personajes y máscaras que no existen en el repertorio tibetano o butanés. La Revolución soviética de los años 30 interrumpió la tradición durante décadas, y desde los años 90 se está reconstruyendo a partir de fotografías, filmaciones antiguas y la ayuda de maestros tibetanos en el exilio.
¿Cuál es el mejor festival para ver danzas Cham por primera vez?
El festival de Hemis en Ladakh (India), que se celebra en junio o julio, es probablemente el más accesible para visitantes occidentales. Dura dos días, se celebra al aire libre en el patio del monasterio y es relativamente fácil llegar desde Leh. Para una experiencia más inmersiva, los Tsechu de Bután (especialmente el de Paro, en marzo o abril) ofrecen la tradición Cham mejor preservada del mundo, aunque requieren visado y son más costosos.
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