¿Qué son las máscaras españolas?
Las máscaras españolas son piezas rituales —de hojalata, madera, corcho o cuero— que forman parte de mascaradas de invierno y carnavales con raíces prerromanas. Sobreviven en regiones como Galicia, Zamora, Extremadura, Guadalajara y Navarra, donde cada año figuras enmascaradas persiguen, golpean y danzan en rituales de purificación, fertilidad y transgresión social que llevan siglos repitiéndose.
Cada invierno, en rincones de Galicia, Extremadura, Zamora, Guadalajara o Navarra, personas normales se cubren con máscaras de madera, corcho o hojalata, cargan cencerros de más de veinte kilos y salen a perseguir, golpear y gritar. Lo hacen porque sus abuelos lo hacían, y los abuelos de sus abuelos, hasta un origen que nadie recuerda con exactitud.
Las máscaras españolas no son souvenirs ni piezas de museo. Son herramientas rituales que siguen vivas, aunque algunas por los pelos.

Tipos de máscaras españolas
- Máscaras rituales o paganas — Las más antiguas. Vinculadas a solsticios, ciclos agrarios y ritos de fertilidad prerromanos. Ejemplos: Peliqueiros, Cigarróns, Zangarrones, Botargas.
- Máscaras carnavalescas — Asociadas al carnaval urbano y rural. Van desde las caretas caseras del Entroido hasta las elaboradas de cartón piedra del carnaval de Cádiz. Función principal: transgresión social y sátira.
- Máscaras de castigo o burla — Personajes que reciben el castigo colectivo del pueblo, como Jarramplas en Piornal, o que representan al mal que debe ser destruido, como Miel Otxin en Lantz.
- Máscaras procesionales — Figuras enmascaradas que participan en procesiones religiosas, combinando lo pagano y lo cristiano. El Zangarrón de Montamarta, que acompaña la procesión de San Esteban, es el caso más claro.
Comparativa de tradiciones enmascaradas en España
| Tradición | Región | Fecha | Máscara | Material |
|---|---|---|---|---|
| Peliqueiros de Laza | Galicia (Ourense) | Febrero (Entroido) | Hojalata pintada con mitra | Hojalata |
| Cigarróns de Verín | Galicia (Ourense) | Febrero (Entroido) | Hojalata con sombrero cónico | Hojalata |
| Pantallas de Xinzo | Galicia (Ourense) | Febrero (5 semanas) | Careta de rasgos grotescos | Madera o cartón |
| Botargas de Almiruete | Castilla-La Mancha (Guadalajara) | 2 de febrero (Candelaria) | Rostro animal o demoníaco | Madera tallada |
| Jarramplas de Piornal | Extremadura (Cáceres) | 19-20 de enero | Cuernos de cabra y pelo animal | Cuero y materiales mixtos |
| Zangarrón de Montamarta | Castilla y León (Zamora) | 26 de diciembre | Rostro grotesco con cuernos | Corcho natural |
| Kukus de Marquina | País Vasco (Vizcaya) | Febrero (Carnaval) | Rasgos feos deliberados | Tela o cartón |
| Miel Otxin de Lantz | Navarra | Febrero (Carnaval) | Caretas caseras y hollín | Materiales diversos |
El Entroido gallego: donde el carnaval tiene colmillos
Si hay un lugar en España donde las máscaras de carnaval conservan toda su fuerza primitiva, ese lugar es Galicia. El Entroido (así se llama el carnaval en gallego) del interior de Ourense es una experiencia que te deja con la boca abierta. No es un desfile bonito con carrozas de papel maché. Es algo más antiguo, más visceral.
Peliqueiros de Laza: los reyes del Entroido
Laza es un pueblo de apenas 700 habitantes en la sierra ourensana. Y cada febrero, sus calles se llenan de Peliqueiros: figuras imponentes con máscaras de hojalata pintada, una mitra obispal en la cabeza y un traje ajustado con franjas de colores.
Pero lo que de verdad impresiona es el sonido. Cada Peliqueiro carga a la espalda un armazón con seis o más cencerros enormes, los chocas, que pueden pesar entre 15 y 25 kilos. Cuando corren calle abajo, el estruendo es ensordecedor. Literalmente te vibra el pecho.
Su función ritual es clara: persiguen a la gente y les golpean con vejigas de cerdo infladas, las zambroas. No es violencia gratuita; es un rito de purificación precristiano. El Peliqueiro tiene patente de corso: nadie puede tocarle, insultarle ni impedirle el paso.
La máscara de hojalata lleva pintados rasgos exagerados, a veces animales, a veces demoniacos. Se fabrican a mano por artesanos locales, y una buena puede costar varios cientos de euros. (enlazar a: /materiales-mascaras-tradicionales)
Cigarróns de Verín: el otro gigante ourensano
A unos 40 kilómetros de Laza, en Verín, los Cigarróns son la estrella del Entroido local. Su aspecto es parecido al del Peliqueiro pero con diferencias claras: la máscara tiene una sonrisa más marcada, llevan un sombrero cónico decorado y su traje tiene más colorido.

Los Cigarróns también llevan cencerros y vejigas, pero su carácter es algo más festivo. Eso no quita que un Cigarrón a la carrera, con 20 kilos de cencerros retumbando, siga dando buenos sustos.
Curiosidad: el traje completo se hereda de padres a hijos. Hay familias verinesas que llevan generaciones siendo Cigarróns. No es un disfraz, es una identidad.
Pantallas de Xinzo de Limia: los más antiguos
Xinzo de Limia tiene el carnaval más largo de España: cinco fines de semana seguidos. Y sus personajes enmascarados, las Pantallas, son probablemente los más antiguos del Entroido gallego.
La máscara de la Pantalla es más sencilla: una careta de madera o cartón con rasgos grotescos, pintada de colores vivos. Llevan traje negro o de arpillera y, como no podía ser de otro modo, cencerros.
El Entroido de Xinzo fue declarado Fiesta de Interés Turístico Internacional en 2019. Los vecinos lo celebran, pero lo tienen claro: la fiesta es suya, y el día que dejen de hacerla por ellos mismos, habrá muerto.
Botargas de Guadalajara: el color que espanta demonios
Nos vamos de Galicia a Castilla. En la provincia de Guadalajara, sobre todo en pueblos de la sierra norte como Almiruete, Arbancón o Retiendas, sobrevive una de las tradiciones enmascaradas más bonitas y menos conocidas de España: las Botargas.

La Botarga sale sola, vestida con un traje de retales de colores chillones y una máscara de madera tallada con rasgos de animal o demonio. Lleva un palo o vejiga para golpear a los vecinos y cencerros en la cintura. Su función: ahuyentar malos espíritus y garantizar buenas cosechas.
Suelen salir en la Candelaria (2 de febrero) o en carnaval. En Almiruete, la Botarga va acompañada de diablos y mascaritas, una estampa que parece sacada de un cuadro medieval.
Lo triste: hace 50 años había Botargas en docenas de pueblos. Hoy quedan en un puñado. La despoblación de la sierra de Guadalajara es un enemigo difícil de vencer, aunque asociaciones como la de Almiruete luchan por mantenerlas. (enlazar a: /mascaras-en-peligro-de-desaparicion)
Jarramplas de Piornal: el hombre al que le tiran nabos
Si tuvieras que elegir la tradición enmascarada más brutal de España, Jarramplas ganaría por goleada.
Cada 19 y 20 de enero, en Piornal (un pueblo de 1.500 habitantes en el Valle del Jerte, Cáceres), un hombre se viste con un traje acolchado, se pone una máscara con cuernos de cabra y sale a la calle a tocar un tambor. Hasta aquí, todo normal. El detalle es que el resto del pueblo le recibe a nabazos. Literalmente.
Miles de kilos de nabos vuelan contra Jarramplas durante dos días. El personaje tiene que aguantar el castigo mientras recorre las calles tocando el tambor, sin dejar de moverse, sin quitarse la máscara, sin rendirse. La máscara lleva cuernos, pelo animal y rasgos demoníacos. Es una pieza artesanal potente, diseñada tanto para impresionar como para proteger la cara de los impactos.

El origen es discutido: ladrón de ganado castigado por el pueblo o ritual de fertilidad prerromano. Lo que está claro es que el que se pone el traje acaba lleno de moratones. Es un honor que duele.
Declarada Fiesta de Interés Turístico Nacional en 2014. Hay lista de espera para ser Jarramplas: hay que ser del pueblo, estar en forma y tener aguante de sobra.
Zangarrones de Montamarta: corcho y persecución
En Montamarta, un pueblo de la comarca de Tierra del Pan en Zamora, el 26 de diciembre sale el Zangarrón. Es una de las mascaradas de invierno más genuinas de toda Castilla y León.
El Zangarrón lleva una máscara de corcho natural, tallada a mano, con rasgos grotescos y a menudo cuernos. El traje es oscuro, con pieles y cascabeles. Su papel es perseguir a los niños y a los vecinos por las calles, armado con unas tenazas de madera con las que amenaza —sin hacer daño real— a quien se le cruce.
Lo interesante es su doble papel: personaje diabólico que también participa en la procesión religiosa de San Esteban. Esa convivencia entre lo pagano y lo cristiano, en Montamarta, es especialmente visible.
La tradición casi desaparece en los años 80 por falta de jóvenes. Un grupo de vecinos se organizó, recuperó las máscaras antiguas y documentó los rituales. Hoy es Fiesta de Interés Turístico Regional. (enlazar a: /mascaras-de-corcho)
Carnaval de Cádiz: la máscara como arma de humor
El Carnaval de Cádiz es otra historia completamente diferente. Aquí la máscara no viene del mundo pagano ni del ritual agrícola. Viene del ingenio, la ironía y la necesidad de decir verdades sin que te pillen.
Las agrupaciones —comparsas, chirigotas, cuartetos y coros— llevan «tipo»: un disfraz completo con maquillaje, pelucas y caretas según la temática. La máscara aquí es de cartón piedra, látex o goma EVA. Pero la máscara más potente no se lleva en la cara: son las letras, textos afilados que critican al poder y dicen lo que nadie se atreve el resto del año. El carnaval de Cádiz es una máscara colectiva detrás de la cual toda una ciudad habla.
En la calle, durante dos semanas, cualquier gaditano puede ponerse una careta y convertirse en quien quiera. Esa es la esencia. (enlazar a: /mascaras-de-carnaval)
Kukus de Marquina: el carnaval rural vasco
En Marquina-Xemein (Markina-Xemein en euskera), en la comarca de Lea-Artibai, Vizcaya, los Kukus representan una tradición de carnaval rural vasco que durante décadas estuvo casi olvidada.
Los Kukus son personajes enmascarados que recorren el pueblo con disfraces elaborados a base de pieles, telas y materiales naturales. Sus máscaras, de tela o cartón, tienen rasgos deliberadamente feos. Van en grupo, haciendo ruido, asustando a la gente, pidiendo comida y bebida por las casas.
Lo especial de los Kukus es que representan un carnaval anterior al modelo urbano: sin carrozas ni desfiles, solo ir de casa en casa, enmascararse para transgredir las normas durante unos días. En el País Vasco, tradiciones similares sobreviven en otros pueblos de montaña, cada vez menos.
Miel Otxin de Lantz: el bandido que arde cada año
En Lantz, un pueblo del valle de Ultzama en Navarra, el carnaval gira en torno a un personaje enorme: Miel Otxin, un muñeco gigante que representa a un bandido legendario que aterrorizaba la zona.

El ritual: Miel Otxin es paseado, juzgado y quemado en la plaza. Mientras, los Ziripot (personajes gordos rellenos de paja) y los Zaldiko (mitad hombre, mitad caballo) danzan entre la multitud. Los jóvenes se tiznan la cara y persiguen a los vecinos.
Las máscaras son sencillas: hollín, caretas caseras, pieles. No hay artesanía sofisticada como en Galicia, pero hay algo crudo y directo. La quema tiene ecos de rituales solsticiales: quemar al mal para que el bien florezca.
El carnaval de Lantz fue prohibido durante el franquismo, como tantos otros. Se recuperó en los años 80 y hoy está más vivo que nunca, con participación masiva de los valles cercanos.
Mamuthones de Cerdeña: la conexión mediterránea
Y aquí viene la sorpresa. En Mamoiada, un pueblo del interior de Cerdeña (Italia), existen los Mamuthones: personajes enmascarados con pieles de oveja negra, la cara cubierta por una máscara de madera oscura de rasgos graves y hasta 30 kilos de cencerros a la espalda.
Si te suena parecido a los Peliqueiros gallegos o a las mascaradas zamoranas, no es casualidad. Desde Portugal hasta Cerdeña, pasando por los Balcanes, hay un patrón que se repite: máscaras zoomorfas, cencerros, pieles, persecuciones rituales. Todo apunta a un sustrato cultural prerromano compartido que sobrevivió a la romanización y a la cristianización.
Los Mamuthones danzan con un paso rítmico pesado, haciendo sonar los cencerros al unísono. Van acompañados de los Issohadores, que llevan máscaras blancas y lazos con los que atrapan a los espectadores. La UNESCO ha reconocido esta tradición como patrimonio inmaterial.
Se han organizado encuentros internacionales donde Peliqueiros, Zangarrones y Mamuthones han desfilado juntos. Ver esas figuras lado a lado es la prueba visual de que estamos ante una misma tradición con variaciones locales. (enlazar a: /mascaras-europeas-tradicion-comun)
Materiales: lo que llevan estas máscaras encima
Las máscaras españolas tradicionales se fabrican con lo que la tierra da. No hay nada industrial en ellas.
- Hojalata: la preferida en el Entroido gallego. Se trabaja a martillo, se pinta a mano. Permite formas expresivas y es resistente a los golpes (algo útil cuando te tiran cosas).
- Madera: tallada a mano en una sola pieza. Típica de las Botargas castellanas y de muchas mascaradas europeas. Nogal, castaño o haya son las maderas más usadas.
- Corcho: el material estrella en Zamora y otras zonas de Castilla y León. Ligero, fácil de tallar, barato. El Zangarrón de Montamarta es el ejemplo perfecto.
- Cuero: usado en algunas mascaradas del norte de España. Permite máscaras flexibles que se adaptan a la cara.
- Cartón piedra y pintura: más comunes en las mascaradas urbanas y en el carnaval de Cádiz. Permiten más detalle y colores más vivos.
Cada máscara se hace a medida. No hay dos iguales. Los artesanos que las fabrican son pocos y cada vez más mayores, lo que plantea un problema real de continuidad. (enlazar a: /artesanos-mascaras-espana)
Significado de las máscaras españolas
Las máscaras españolas cumplen funciones que van mucho más allá de lo decorativo. Son herramientas culturales con significados profundos:
- Purificación ritual — Expulsar los malos espíritus y limpiar la comunidad para el nuevo ciclo agrario. Las persecuciones y golpes con vejigas son actos simbólicos de purificación.
- Fertilidad y renovación — Muchas mascaradas coinciden con el solsticio de invierno o el inicio de la primavera, vinculadas a la regeneración de la tierra y las cosechas.
- Inversión del orden social — Durante la fiesta, las jerarquías se disuelven. El enmascarado tiene patente de corso: puede perseguir, golpear e increpar sin distinción de clase.
- Identidad comunitaria — Ser Peliqueiro, Cigarrón o Jarramplas es un honor heredado. La máscara vincula al individuo con su linaje y su pueblo.
- Transgresión controlada — El carnaval permite decir y hacer lo que el resto del año está prohibido. La máscara protege al que habla.
- Memoria colectiva — Cada mascarada es un archivo vivo de creencias prerromanas, medievales y modernas que la comunidad transmite sin necesidad de documentos escritos.
Estado actual: entre la resistencia y el olvido
La verdad sin adornos: algunas de estas tradiciones están en plena forma y otras sobreviven de milagro.
Las que van bien:
- El Entroido de Laza, Verín y Xinzo atrae cada año más visitantes y mantiene una base local fuerte. Las declaraciones de Interés Turístico han ayudado sin desnaturalizar (por ahora).
- Jarramplas de Piornal crece cada enero. La lista de espera para ser Jarramplas es larga.
- El carnaval de Cádiz es una industria cultural en sí mismo.
- Lantz se ha consolidado como referente del carnaval navarro.
Las que peligran:
- Las Botargas de Guadalajara dependen de pueblos cada vez más vacíos. Almiruete sobrevive, pero otros pueblos han perdido su Botarga para siempre.
- Los Kukus de Marquina y tradiciones similares del País Vasco rural necesitan relevo generacional urgente.
- Muchas mascaradas zamoranas de pueblos pequeños han desaparecido en las últimas décadas. Montamarta resistió, pero fue por los pelos.
Los esfuerzos de recuperación:
- La Diputación de Zamora ha catalogado y documentado las mascaradas de la provincia con un archivo audiovisual.
- En Guadalajara, asociaciones como la de Almiruete organizan talleres para enseñar a los jóvenes a fabricar máscaras.
- La candidatura conjunta de las mascaradas de invierno ibéricas (España y Portugal) a la lista UNESCO de Patrimonio Inmaterial avanza lenta pero avanza.
- Festivales como el Encuentro de Mascaradas de Zamora reúnen a personajes de toda España y Europa, creando red de apoyo entre pueblos.
La clave es que estas fiestas sigan siendo de los vecinos. El turismo ayuda, pero si el día que no vengan turistas la fiesta deja de hacerse, habrá muerto.
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Preguntas frecuentes
¿Cuál es la máscara española más antigua que se conserva?
No hay respuesta definitiva porque las máscaras se desgastaban y reemplazaban. Las tradiciones más antiguas documentadas son las del Entroido gallego y las mascaradas zamoranas, con referencias del siglo XVI. El origen real es casi seguro prerromano.
¿Se pueden visitar estas fiestas como turista?
Sí, todas son públicas. Las más accesibles: Entroido de Verín y Xinzo (febrero), Jarramplas (19-20 de enero), carnaval de Lantz (febrero) y carnaval de Cádiz (febrero-marzo). Ve con respeto: son fiestas de los pueblos, no parques temáticos.
¿Qué relación tienen las máscaras españolas con las de otros países europeos?
Conexión clara entre mascaradas de España, Portugal, Cerdeña, Rumanía, Bulgaria y Grecia. Todas comparten máscaras zoomorfas, cencerros, pieles y rituales de persecución. Un sustrato cultural prerromano que sobrevivió en zonas rurales de toda Europa. (enlazar a: /mascaras-europeas-tradicion-comun)
¿De qué materiales se hacen las máscaras tradicionales españolas?
Los materiales principales son hojalata (Galicia), madera tallada (Castilla), corcho (Zamora), cuero (norte peninsular) y cartón piedra (carnavales urbanos). Cada región usa lo que tiene a mano. La fabricación es artesanal y cada pieza es única.
¿Hay alguna tradición de máscaras españolas que haya desaparecido del todo?
Por desgracia, sí. Decenas de mascaradas rurales se han perdido por la despoblación. Pueblos de Zamora, Guadalajara, León y Asturias ya no celebran estas fiestas. Algunas se han documentado y podrían recuperarse, pero otras se han perdido sin dejar registro.
¿Por qué los enmascarados llevan cencerros?
Los cencerros cumplen una función ritual doble: por un lado, el ruido intenso ahuyenta a los malos espíritus (una creencia arraigada en culturas prerromanas de toda Europa); por otro, anuncian la llegada del personaje enmascarado, generando expectación y temor. En el Entroido gallego, los cencerros pueden pesar más de 20 kilos, lo que convierte llevarlos en una prueba física considerable.
¿Están las mascaradas españolas protegidas por la UNESCO?
Actualmente no existe una inscripción UNESCO específica para las mascaradas españolas, aunque varias cuentan con declaraciones de Interés Turístico Nacional o Internacional. Existe una candidatura conjunta de mascaradas de invierno ibéricas (España y Portugal) que avanza en el proceso de inscripción como Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad.
¿Puede cualquier persona disfrazarse de Peliqueiro o Cigarrón?
No. En la mayoría de tradiciones, el derecho a enmascararse está regulado por la comunidad. En Verín, el traje de Cigarrón se hereda dentro de la familia. En Piornal, hay lista de espera para ser Jarramplas y es requisito ser del pueblo. Estas normas no escritas protegen la autenticidad de la tradición y evitan que se convierta en un espectáculo abierto.
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